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  • 5.1.4-ALGODÓN TRANSGÉNICO

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  • Algodón transgénico

    Capítulo 5 - Segmentos de mercado - Tipos de algodón  

     
     
    El algodón transgénico que encontramos en el comercio hoy en día ha sido modificado genéticamente para que sea tolerante a los herbicidas o resistente a los insectos. De los tipos de transgénicos actualmente disponibles para producción comercial, dos ofrecen tolerancia a los herbicidas y uno es resistente a los gusanos del algodón (Bt, de Bacillus thuringiensis). El Bacillus thuringiensis es una bacteria muy común que se encuentra en el suelo y puede producir proteínas “cry”. Las proteínas “cry” son tóxicas para algunos tipos de insectos (p. ej. polillas como los gusanos del algodón) que atacan el algodón, y su acción es específica a dichos insectos. Para que la proteína sea eficaz, el insecto en cuestión debe ingerir la proteína “cry” del Bacillus thuringiensis.

    El algodón Bt se plantó por primera vez con fines comerciales en 1996 en Australia y los Estados Unidos. En 1997 se introdujeron variedades con genes “apilados” que ofrecen resistencia a los herbicidas y que incorporan el gen Bt. El algodón transgénico ha sido aprobado oficialmente para su uso comercial en nueve países (Argentina, Australia, China, Colombia, Estados Unidos, India, Indonesia, México y Sudáfrica) y en varios otros está en fase de experimentación, en particular en Burkina Faso. Monsanto tiene una posición dominante y controla cerca del 80% del algodón transgénico para fines comerciales.

    La primera generación de algodón Bt (Bollgard I) fue diseñada para eliminar el uso de pesticidas para controlar las plagas de picudo del algodonero. La segunda generación de tecnología Bollgard tiene la finalidad de prevenir otros daños causados por otras plagas y elimina la necesidad de fumigaciones complementarias, necesarias habitualmente para las variedades de la primera generación.

    El cultivo de algodón transgénico tiene un efecto positivo inmediato sobre el medio ambiente. El algodón necesita más pesticidas que cualquier otro cultivo, pero todas las nuevas variedades creadas mediante biotecnología han sido diseñadas para reducir el consumo de pesticidas que son perjudiciales para la salud humana y ambiental.

    El algodón transgénico ha sido modificado genéticamente para que produzca una toxina que mata a determinados insectos o para que resista a determinados herbicidas, pero no para incrementar la producción. Las alegaciones de que el algodón transgénico puede incrementar las cosechas se refieren a su capacidad de reducir los daños causados por los insectos o malezas. La adopción del algodón resistente a los insectos ha traído consigo una reducción del número de aplicaciones de insecticidas y de la cantidad de insecticida que se utiliza. Sin embargo, los agricultores tienen que seguir fumigando para combatir otros insectos que son inmunes al algodón transgénico.

    La mayor desventaja del algodón transgénico es el costo relativamente alto de la semilla y la tasa tecnológica. La comercialización de productos biotecnológicos requiere un largo proceso de aprobación normativa. Los países deben pagar una tasa tecnológica a los propietarios de los genes, y este requisito limita la adopción de la tecnología en los países en desarrollo, en particular. Debido a que la propietaria de los genes insertados en el algodón es una empresa privada, los países están obligados por ley a no insertar estos genes en sus variedades y comenzar a utilizarlos.

    Los beneficios económicos del algodón transgénico dependen de si el aumento de las cosechas y la reducción del costo derivado de la utilización de sustancias químicas compensan pagar un precio más alto por las semillas.

    La modificación genética es una nueva técnica que aún está lejos de ser entendida en su totalidad, y las repercusiones para el medio ambiente y la salud humana podrían tardar años en manifestarse. Una de las principales causas de preocupación respecto al algodón Bt es que las plagas que combate podrían desarrollar rápidamente resistencia a la toxina, lo que agravaría los problemas de plagas. Ante la falta de una estrategia de gestión de la resistencia, que esté claramente definida e incluya la plantación de algodón no Bt en zonas de “refugio”, algunas de las plagas que atacan al algodón podrían probablemente desarrollar resistencia al algodón Bt. La posible aparición de resistencia al Bt entre los insectos amenaza la viabilidad a largo plazo del algodón Bt. Existe además el potencial de que tenga impactos ambientales perjudiciales. Sin ninguna duda aumentará el uso de estos herbicidas que el algodón transgénico tolera gracias a su diseño. Los genes ajenos introducidos en el algodón podrían transmitirse desde el algodón transgénico a especies silvestres relacionadas y al algodón convencional que se cultiva en las inmediaciones. Una vez que se ha introducido un transgénico en un entorno, su retirada será difícil, si no imposible, en caso de que se descubra que sus efectos son perjudiciales para la salud humana y ambiental. Podría producirse un flujo de genes entre el algodón Bt y las variedades locales o especies silvestres de algodón, poniendo en peligro estas reservas de biodiversidad; y la contaminación por el algodón transgénico podría poner en peligro toda la producción de algodón ecológico de la región, habida cuenta de que los criterios para la certificación de orgánico prohíbe los organismos genéticamente modificados. Los consumidores podrían querer evitar productos transgénicos por motivos éticos o de seguridad, aunque por el momento ninguna regulación obliga el etiquetado en productos textiles o en el aceite de semilla de algodón.

    El CCIA estima que el algodón transgénico representó en 2006/07 más del 40% de la producción y de las exportaciones en todo el mundo.