La competencia es el motor de la economía de mercado. La madera para la construcción debe competir con productos elaborados con madera y con el avance de los plásticos. El café y el té deben competir entre sí y con la leche, los refrescos, las bebidas en polvo, el jugo de naranja y otras opciones. El cobre debe competir con los cables de fibra óptica. El azúcar compite con los edulcorantes de maíz o sintéticos. El cacao debe competir con otros tipos de golosinas. Los cereales compiten entre sí y con las oleaginosas, y abundan los ejemplos de la presión competitiva a que están sometidas las industrias de productos básicos.
Para el algodón, la competencia con el poliéster es un reto que va en aumento a medida que bajan los costos de producción del poliéster y aumentan las utilidades de las fibras químicas gracias a la tecnología. La producción de todas las fibras excepto el algodón pasó de 5 millones de toneladas en 1960 a 10 millones en 1970, a 16 millones en 1980, a 19 millones en 1990, y en 2000 la producción dio un salto de gigante y alcanzó los 30 millones. Se calcula que la producción de fibras distintas del algodón en 2006 fue de 37 millones de toneladas.
El consumo de algodón creció a una tasa media anual del 4% entre 1998/99 y 2006/07, índice que contrasta con la tasa de crecimiento demográfico en todo el mundo, que fue del 1,7% anual. El consumo de algodón per cápita aumentó en 2005 a un máximo histórico de 3,8 kilogramos. Son muchos los factores que influyen en el consumo final, entre los que destacan el nivel de ingresos y las preferencias de los consumidores, pero por tratarse de una industria de productos básicos, el algodón tiene que seguir siendo competitivo con respecto al poliéster y otras fibras químicas, motivo por el que los precios reales del algodón han bajado con el paso del tiempo.
Los precios relativos de las fibras son de la máxima importancia para determinar sus cuotas de mercado. Durante la mayoría de los años ochenta y noventa, los precios del algodón eran más altos que los del poliéster, lo que explica en buena parte el descenso de la cuota de mercado del algodón con respecto a otras fibras durante esos años. Pero desde 1998/99 los precios del algodón han bajado y los del poliéster han subido, lo que ha propiciado un aumento del consumo de algodón hasta una tasa media anual del 3,7% durante el período comprendido entre 1998 y 2006, índice que contrasta con la tasa media de crecimiento anual durante los dos decenios anteriores a 1998, que fue del 1,5% (véase la figura 1.28).
Fuente: CCIA
Existe un malentendido muy extendido acerca de la relación que existe entre los precios del petróleo y los precios de la fibra de poliéster. Son muchos los que creen que cuando suben los precios del crudo, suben también los precios del poliéster por tratarse de un derivado de sustancias químicas que se extraen del petróleo. Sin embargo, el producto químico precursor que se utiliza para fabricar poliéster representa una fracción muy pequeña del consumo de petróleo, y son múltiples las utilidades de cada sustancia química. En consecuencia, existen mercados separados para las sustancias químicas con las que se fabrica el poliéster, y los precios del petróleo apenas influyen en los mercados de dichas sustancias. El precio del petróleo, por consiguiente, no determina los precios de la fibra de poliéster, es más, prácticamente no existe ninguna correlación estadística entre ambos precios.